Cómo Recibir el Amor y el Perdón de Dios

¿Ha dudado alguna vez del perdón de Cristo? Si es así, tengo buenas nuevas para usted. La muerte de Cristo, por usted, es el fundamento del perdón. Debido a la muerte de Cristo en la cruz, su perdón no es solamente una esperanza. ¡Es un hecho!

Cristo pagó el precio completo por todos sus pecados, de una vez y para siempre. Si usted es cristiano, todos sus pecados – pasados, presentes y futuros, han sido perdonados. No puede añadir nada a lo que Cristo ya ha hecho por usted. Las súplicas, las lágrimas, los esfuerzos personales, o los rituales religiosos, no pueden reconciliarlo con Dios. Esto se hizo realidad en el momento en que usted confesó sus pecados y colocó su fe en Cristo como su Salvador y Señor.

El capítulo 10 de la epístola a los Hebreos proclama:

“En esa voluntad somos santificados 
mediante Ia ofrenda del cuerpo de 
Jesucristo hecha una vez para siempre.
Porque con una sola ofrenda hizo perfectos

 para siempre a los santificados.
Pues donde hay remisión de éstos, 

no hay más ofrenda por el pecado.”

Para recibir el perdón de Dios, sencillamente confiese sus pecados, y por fe acepte Su perdón. Yo llamo a este proceso “Respiración Espiritual.”

De la misma forma en que exhala e inhala físicamente, también debe respirar espiritualmente.

Usted exhala espiritualmente cuando confiesa sus pecados. La Biblia promete que si usted le confiesa a Dios sus pecados, El es fiel y justo para perdonar sus pecados y limpiarlo de toda maldad.

Confesar sus pecados significa ponerse de acuerdo con Dios sobre ellos. Esto incluye tres pasos.

Primero, usted está de acuerdo en que sus pecados son malos y desagradan a Dios. Dios es santo y no acepta el pecado. El lo ama a pesar de que en su vida haya pecados sin confesar. Sin embargo, para recibir Su perdón usted debe considerar su pecado tan seriamente como Dios lo hace. Si no reconoce su pecado, no hay esperanza de salvación para usted. En Proverbios 14:9 dice, “Los necios se mofan del pecado.” San Juan escribe, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si decimos que no hemos pecado,le hacemos a El mentiroso, y su Palabra no está en nosotros”.

Segundo, usted reconoce que Dios ya ha perdonado sus pecados a través de la muerte de Cristo y del derramamiento de su sangre en la cruz.

La confesión, entonces, es una expresión de fe y un acto de obediencia, por medio del cual Dios hace real, en su experiencia, lo que El ya ha hecho por usted a través de la muerte de Su Hijo. Esta experiencia real y continua del perdón de Dios, le mantiene como un canal abierto, a través del cual pueden fluir el amor y el poder de Dios.

El pecado que no se ha confesado interrumpe el fluir del poder de Dios en su vida. Permítame ilustrarlo. Un día, cuando estaba operando los controles del tren eléctrico de mi hijo, de pronto éste dejó de funcionar. No podía entender qué era lo que estaba mal. Levanté el tren y lo coloqué de nuevo sobre los rieles. Lo enchufé y lo desenchufé; no pasó nada. Luego descubrí que una pequeña pieza de metal, una señal de “no doblar a la izquierda”, se había caído sobre los rieles, interrumpiendo el paso de la energía eléctrica.

Para disfrutar de una vida cristiana victoriosa y vivir como un cristiano espiritual, usted debe mantener “cuentas cortas” con Dios. Con esto me refiero a que debe confesar cualquier pecado que entra a su vida, en el mismo momento en que el Espíritu de Dios se lo revele. Si se rehúsa a confesar su pecado, usted se convierte en un cristiano carnal y camina en las tinieblas, en vez de caminar en la luz del amor y el perdón de Dios.

Tercero, usted se arrepiente, cambia de actitud, lo cual da como resultado un cambio de acciones y conducta. Por medio del poder del Espíritu Santo, usted se aparta de su pecado y cambia su conducta. En vez de entregarse a la compulsión de lo que su naturaleza mundana y carnal quiere hacer, ahora hace lo que Dios quiere, en el poder del Espíritu Santo.

Con la confesión de sus pecados, o sea exhalando, comienza el proceso de la “Respiración Espiritual”. Al inhalar, usted deja de ser un cristiano carnal y se vuelve un cristiano espiritual, apropiándose de la llenura y el poder del Espíritu Santo por fe. Muchas personas de hecho niegan la realidad del pecado en sus vidas. Otros intentan ignorar la mancha del pecado diciendo, “No es tan malo.” Algunos tratan de justificarse diciendo, “No soy peor que otros.” Muchos otros inventan sus propios métodos para vencer el pecado en sus vidas, pero la única esperanza que una persona tiene para vencer al pecado es recibir la limpieza sobrenatural, la limpieza que sólo Dios puede realizar a través de Su Hijo, el Señor Jesús, quien murió y derramó su sangre por nuestros pecados.

El rey David conocía bastante bien al pecado. El Salmo 51 fue escrito después que Natán el profeta, había venido a informarle a David del juicio de Dios contra él, por causa de su adulterio con Betsabé y del asesinato de Urías Heteo, el esposo de ésta. Sin embargo, David es descrito como un hombre conforme al corazón de Dios, porque se había arrepentido. “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia,” escribió. “Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.”

En el Salmo 32 , él expresa el gozo que sintió por el amor y el perdón de Dios:

“Bienaventurado aquel cuya transgresión
 ha sido perdonada, y cubierto su pecado. 
Bienaventurado el hombre a quien Jehová 
no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu 
no hay engaño.
Mientras callé, se envejecieron mis huesos, 
en mi gemir todo el día. Porque de día 
y de noche se agravó sobre mí tu mano; 
se volvió mi verdor en sequedades de verano. 
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
 Dije: confesaré mis transgresiones a Jehová; 
y tú perdonaste la maldad de mi pecado.”

David, desde las profundidades de su experiencia, comparte esta advertencia, que fluye de lo más íntimo de su corazón: “Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado; ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.” Me siento preocupado por la multitud de cristianos que están recibiendo severas disciplinas de Dios, porque no confiesan sus pecados. Estas personas sufren reveses económicos, enfermedades físicas y atraviesan por todo tipo de dificultades, debido a que le son desobedientes y El está tratando de llamar su atención para bendecirlos y enriquecer sus vidas.

Le animo a hacer lo que yo mismo acostumbro hacer cuando experimento dificultades. Vuelvo al Señor y le pregunto, “Señor, ¿hay algún pecado en mi vida que hace necesario que me disciplines?” La Biblia dice que Dios disciplina a quienes ama. (Hebreos 12:6). Cuando usted experimente dificultades, es importante que se mire en el espejo de la Palabra de Dios y confiese cualquier pecado que El le revele.

El recibir la limpieza de Dios por los pecados que le obstaculizan, abre el camino para recibir la vida abundante y feliz a la que Jesucristo le ha llamado.

Por fe, y con sencillez declare como verdad lo que Jesucristo ha dicho y hecho por usted. Por fe, debe verse como Dios lo ve, como Su hijo, amado, perdonado y limpiado. Por fe, puede confesar sus pecados y arrepentir se, y por fe puede aceptar el perdón y la limpieza de Dios.

Ahora, tal vez usted se pregunte, “Si Cristo ya ha pagado el castigo por mis pecados, ¿por qué debo confesarlos?”

Al confesar su pecado usted actúa en base a su fe en Dios y Su Palabra. La confesión no le da más perdón. Cristo ya lo ha perdonado de una vez y para siempre, pero al admitir sus pecados, usted establece en su experiencia lo que Dios ha hecho por usted por medio de la muerte de Su Hijo.

Jesús relató una historia para que comprendiéramos la confesión y el perdón de Dios. Ante la insistencia de su hijo menor, un padre le dio la parte de la herencia que le correspondía. El hijo dejó el hogar y malgastó su herencia en fiestas y prostitutas. Más tarde, el hijo volvió al hogar hambriento y sintiendo que ya no era digno de ser considerado un hijo. Sin embargo, su padre corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó, le colocó un anillo en su dedo, le dio zapatos e hizo un banquete en su honor.

Por medio de esta parábola, Jesús enseñó que Dios no lo ama “cuando”, “si”, o “porque” lo merezca, sino que lo ama a pesar de que sea desobediente y rebelde. Uno de los descubrimientos más conmovedores para mí, en el estudio de la Biblia, fue una declaración que Jesús hizo, en una oración que se encuentra en San Juan 17:

La gloria que me diste, yo les he dado, 
para que sean uno, así como nosotros somos uno. 
Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos 
en unidad, para que el mundo conozca 
que tú me enviaste,
 y que los has amado a ellos 
como también a mí me has amado.

¡Imagínese! Dios lo ama tanto como ama a su único y amado Hijo, el Señor Jesucristo. Esta es la gran verdad. Cuando usted le confiesa a Dios sus pecados, por Su amor incondicional, El lo recibe nuevamente y lo perdona sin reparos. En vez de huir de El con temor, usted puede correr a sus amorosos brazos, confiando en que El lo perdonará, pero si se niega a relacionarse honestamente con Dios, ignorando sus pecados, usted se volverá mundano y vivirá en las tinieblas en vez de caminar en la luz de Dios. Como 1 Juan 1:6,7 dice:

Si decimos que tenemos comunión con él, 
y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;
pero si andamos en luz, como él está en luz, 
tenemos comunión unos con otros, 
y la sangre de Jesucristo Su Hijo 
nos limpia de todo pecado.

Tal vez usted es consciente de los pecados que no le ha confesado a Dios. Como resultado, ha dejado su primer amor por El. Quizás tiene resentimiento hacia alguien. Su relación con Cristo puede parecerle mecánica y rutinaria Siente que sus oraciones no llegan a Dios. Lee su Biblia, pero no recuerda lo que ha leído.

Aun puede tratar de testificar de Cristo, pero nadie responde.

Un día yo me encontraba hablando con un amigo por medio de un teléfono celular desde mi automóvil. En cierto momento de nuestra conversación, todo lo que yo podía oír era una fuerte interferencia Algo había interrumpido la señal de radio y había perdido buena parte de lo que mi amigo había dicho. Después que el automóvil pasó de aquel obstáculo, una vez más pude escuchar su voz con claridad y pudimos continuar nuestra conversación.

El pecado obstruye su comunicación y su relación con Dios. Cuando usted tolera el pecado en su vida, no puede oír a Dios. Se siente desanimado y confundido. De pronto, se da cuenta que está viviendo en base a lo que recuerda de Dios, en vez de vivir en una interacción dinámica con Él.

Todo lo que debe hacer para experimentar el perdón de Dios es confesar sus pecados. Exhale espiritualmente. Esa respiración purificadora restaura su comunión con Él.

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    a qui no encuentro las respuestas a mi pregunta

  • wilmer quispe

    El amor y el pedrdon de dios es por todos nostros

  • sacramento de fe

    gracias por la informacion